¿Qué hubo, pues? Aquí les dejo la tertulia mental de CuyaGracia:
En un abrir y cerrar de ojos, la vida se te esfuma y, sin preámbulo, se presenta la cruda realidad de la ausencia de un ser querido. Cierras tus ojos y aun escuchas los ecos de sus risas, sus palabras y es así como el viento – lo sientes, pero no lo ves. Aunque es cierto que todos compartimos el mismo factor común —nuestro paso por esta tierra—, este no es más que eso: un simple paso. Aquí nadie vino para quedarse infinitamente. Sin importar tus alcances, tus logros, tus buenas dádivas, igual en algún momento tu corazón mortal dejará de latir. ¿Qué nos enseña la partida de un ser querido? La vida es momentánea. Al irte de esta tierra, nada te llevas — lo repito, NADA te llevas. Entonces, ¿para qué aferrarse a lo material? Es lo más efímero que hay. También dejas, el dolor de tu familia y la gente que te ama, los recuerdos de cada instante compartido, la sabiduría que compartiste con los demás, lo solidario que fuiste, el perdón que regalaste, la sonrisa que obsequiaste; esto es lo que dejas. Todo en este mundo se convierte en una vana ilusión cuando, en la contraparte, está la esencia de tu alma. Por eso, es crucial que seamos capaces de dimensionar lo que realmente importa.
Gracias por regalarnos tanto - te extrañaremos siempre.
Nuestro adorado Jorge repetía constantemente, “el día que te vayas de acá, que la gente siempre te recuerde por el buen ser humano que fuiste, siempre entrega lo mejor de ti con las mejores vibras”. Él vivió al pie de la letra y con mucha galantería la profundidad de sus palabras. Nos dejó un vacío inhóspito, fecundado por una inmensa tristeza por su partida, pero el alma y el corazón están llenos de amor, ánimo y agradecimiento. Es impactante cuando tocas las vidas de todas las personas con las que topas en tu vida, cuando atraes desde los más pequeños hasta los más grandes. La verdad no todos tienen esa capacidad y creo que la clave es El Amor. Este sentimiento arrasa con todo lo que encuentra a su paso, llevando por delante incluso lo más difícil de conquistar. Hay almas que existen al descubierto en esta tierra, viviendo desnudas y con una vulnerabilidad tangible. Hay personas que se les para un gigante de frente y se le ríen en la cara y lo enfrentan – pues no les temen a los retos. Esa misma valentía se la transmiten a los demás, pues el egoísmo no forma parte de su carácter. Vivir con propósito es aprender a amar a los demás como a ti mismo - “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39) Jorge vivió amando a Dios, 'Su Todopoderoso', y amó a su prójimo. Entendió el propósito de estar en esta tierra. Creo que esto es un llamado: ¿Amas a Dios con todo tu corazón, tu mente y tu alma? ¿Amas a tu prójimo como a ti mismo?
Los dejo con esto: que no se nos escape la vida viviendo tan aferrados a este mundo pasajero, que olvidemos hacia dónde vamos cuando nuestra alma se desconecte de nuestro cuerpo. Que no se nos escape la vida viviendo en rencores y raíces de amargura. Que no se nos pase la vida por delante y quedemos tan paralizados que el alma se vuelva renuente a vivir al máximo de su potencial. Que no se nos escape la vida de las manos sin trabajar día a día para dejar un legado hermoso que trascienda a través de las generaciones. Vivamos siempre con la mentalidad de que algún día nos encontraremos frente a nuestro Creador, y que allá, en el cielo, todo será mejor. Vivamos la vida siempre con un corazón en humildad y lleno de agradecimiento porque esta vida y cada día es un regalo. Dejemos una huella inefable; que cuando la gente piense en nosotros, lo haga con alegría y sonría. No demos por sentado a las personas que tenemos en nuestra vida, pues en un abrir y cerrar de ojos puede que ya no estén. Siempre pa’delante como vivió Jorge.
Jorgito en ese viaje que diste a la eternidad, te llevaste parte de nuestro corazón, llegaste a nuestra vida y la pintaste de mil colores con tu alegría y cariño. ¡En más de una ocasión nos sacaste del cuadriculado, JA! Valoraste cada instante compartido y aun con el corazón partido a la mitad por la falta que te hacían tus hijas y tu hijo siempre nos brindaste la mejor de tus sonrisas, así corrieran las lágrimas. Gracias por todo ese amor hacia mi mamá – Tu Bella Dama – gracias por la elocuencia de tu alma y la magnitud de tu corazón, ese que cargabas en tu bolsillo y lo repartías sin reservas. Gracias por el regalo de tus hijas(o), por criar seres tan maravillosos, los cuales nos extienden tu amor y tu esencia; fue tanto el amor que desbordaste que nos dejaste con este vínculo de por vida. No te diremos adiós, por ahora te decimos hasta pronto. Nos veremos en el cielo para celebrar junto a Jesús, vivir en eternidad y no tener que despedirnos nunca más. Ascendiste Jorgito, lo lograste – todos te recordamos como ese gran ser humano que fuiste, que bien Jorgito, ¡qué bien! Esta publicación va en honor a la vida de Jorge Alberto Ponce - nuestro adorado Gato y Papucho, como le decían sus hijas.
Para su legado: Martín, Natalia, Estefanía, Andrea, Abigaíl y Aldana, su papi los encomienda a esta familia que nunca los soltará. Aquí permaneceremos juntos, en el mismo cuadrilátero.
“Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con todo tu corazón crees que Dios lo resucito, alcanzaras la salvación. Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se reconoce a Jesucristo para alcanzar la salvación”. Romanos 10:9-10
Te invito a que descubras la relación más importante de tu vida – te invito a enamorarte de Jesús. Deja que esta cita se impregne en tu mente por un momento - “La vida es coincidir con el ser con quien vas a pasar una eternidad”, en mi caso ese es Jesús. Te invito a que repitas esta oración si quieres aceptarlo como tu único salvador.
“Padre, sé que peco y que no puedo salvarme a mí mismo, perdona mis transgresiones. Gracias por amarme lo suficiente como para enviar a Jesús, que nunca peco, a tomar mi lugar en la cruz para que yo pueda ser perdonado y ganar la eternidad en el cielo. Te reconozco como mi único salvador”.
¡Chao pues!