ANHELOS

Cuantas veces las peticiones que le pedimos a Dios son las ostentosas y las que parecen inalcanzables, la verdad eso era lo que yo hacía hasta que entendí que mi relación con Dios era de esas que sobreabundan en mi vida en todos los sentidos. Por medio de la relación con mi hija logre asimilar que a un padre o madre se le puede pedir desde el juguete más costoso que pueda existir o el caramelo más económico, entonces al hacer esta comparación empecé a estimular mi mente, postrarme delante de Dios y someterle todas mis peticiones y los anhelos de mi corazón. Poco a poco he logrado entender que Dios quiere que dependamos de el para todo aun en las cosas que parecen insignificantes y lo irónico de todo es que en lo que aparenta ser efímero es donde se encuentra lo majestuoso, pues cuando vemos a Dios en lo pequeño él se manifiesta en lo grande y con más esplendor. Ten presente que no todo lo que tus hijos(a) te piden tu les das y tus motivos tendrás, Dios también es nuestro padre y por ende él es sabio en lo que nos concede (sus motivos tendrá).

El depender de Dios es algo que me ha costado trabajo y del bueno, pues la duda es tan buena compañera y tan fiel que no te abandonara mientras te aferres a ella y cuando estas atravesando por una racha ahí sí que dice presente. Esta manía que tenemos de estar poniendo en duda que Dios nos escucha se convierte en nuestro aguijón, es piedra de tropiezo y agotamiento espiritual (Santiago 1:6-8). Entonces como a Dios nada se le puede ocultar ni siquiera un mínimo detalle, Dios en su infinita misericordia y gracia nos concede hasta nuestros íntimos deseos, los ocultos y que no se comparten como libro abierto. Cuando menos piensas logras ver cómo se van desenvolviendo al frente tuyo desde lo insignificante hasta lo que parece humanamente imposible de lograr. He visto la mano de Dios moverse en mi vida de una manera tan tangible en estos últimos meses. Les contare de un anhelo en particular y como vale la pena esperar en Dios, confiar en él y deleitarse ante todo en su presencia.

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El año pasado me encontraba en medio de dos trabajos, salía de mi casa antes de las 7:00 am para dejar a mi hija en la casa de mi madre para que ella la llevara al colegio ya que yo tenía que estar en la oficina a las 8:00 am y muchas veces eran las 6:30 – 7:00 pm y apenas saliendo (no era todos los días, a  veces a las 5:30  volaba por esa puerta) el punto es que llegaba a casa después de recoger a mi hija a veces como a las 7 pm y alcanzaba a pasar 1-2 horas máximo con ella, una vez mi hija se dormía empezaba mi trabajo  desde la casa hasta las 11:00pm o 12:00am (muchos fines de semana me tocaba trabajar desde mi casa por unas horas) mi hija comenzó a sentir esa ausencia y muchas veces en medio de lágrimas me reclamaba la falta de tiempo, esto me rompía el corazón. Ella no quería juguetes, ropa linda o zapatos nuevos, ello lo que quería era más tiempo con su mama y tener la oportunidad de recogerla o llevarla al colegio, verme en sus actividades extracurriculares etc. Esto empezó a martirizar mi consciencia de madre y de rodillas puse esto delante de Dios (los anhelos de mi hija y los míos). Le pedí a Dios que me concediera un trabajo con un horario más flexible en donde pudiese dedicarle más tiempo a mi hija y poder cumplir con mis obligaciones económicas. Llore y clame a Dios, pues él conoce mi corazón y sus intenciones, al pasar los días la situación y el ambiente en mi trabajo se tornaron más agresivas y hostiles que de costumbre y mi alma empezó a incomodarse, por consiguiente mi desánimo y poco a poco me fui apagando, era una tortura en todos los sentidos presentarme en el trabajo. En medio de mis oraciones le pedí a Dios que me despidieran del trabajo y que no tuviese que darle la cara a mi jefe, mi concepto hacia su carácter profesional era completamente lo contrario de como se había presentado en mi entrevista (presentí que se acercaba la hora de irme y que venía un cambio). El punto es que así como de consistentes fueron mis oraciones, efectivo fue el resultado y mis peticiones tal cual fueron contestadas. Al pasar el tiempo Dios permitió que pudiera estar con mi hija trabajando desde la casa y todo el verano tuve esa libertad de llevarla, traerla de un campamento a otro, al colegio, a sus prácticas  y Dios nos dio la oportunidad de oxigenar y de tomar aliento, pues después de mi matrimonio y separación creo que es la primera vez que ambas nos sentimos felices, seguras, en paz donde estamos y con las circunstancias a favor. Entonces recopilo que desde lo oculto hasta lo más anhelado Dios nos concede en su tiempo nuestros deseos y siempre serán mejor de lo que podemos imaginar (Mateo 7:7).

Quizás en algunas situaciones Dios no siempre nos otorga lo que le pedimos (sus motivos tendrá), pero si hay algo que le permito a mi alma es empaparse de la promesa que TODO funciona para bien para aquellos que aman al Señor (Romanos 8:28), quizás eso que anhelas será pieza de tropiezo, o tarde que temprano traerá angustia a tu vida o simplemente no estás preparado para recibirlo. Hay cositas en mi vida que he querido con tanto anhelo y no se me dieron o quizás aún no es el tiempo, solo Dios sabe, pero si hay algo que tengo claro es que en medio de mi jornada, charlas y caminatas con Jesús he logrado conocer su inmenso amor hacia mí y hoy por hoy puedo decir que no quiero nada en mi vida que no venga de él y que mi amor por él no es dependiente de mis circunstancias. Así como el amor que le tengo a mi hija, familia etc. no los amo o tengo una relación con ellos por lo que me brindan o traen a la mesa, los amo porque ese amor es, existe e indudablemente conforma parte de mi existencia, mi esencia. Deja que Dios quita y ponga en tu vida ya sea desde un trabajo, una relación, una amistad o un anhelo, deja que el desacomode y acomode a su antojo, confía que serás pleno y verdaderamente libre.

¡Bendiciones!

 

 

 

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