Yo no sé ustedes, pero yo no veía la hora de sacudir los zapatos de mi alma en el tapete de la entrada antes de pisar en el 2025. Son tantas las cargas que quiero dejar atrás, y en la mochila que llevo a mis espaldas solo tengo espacio para los aprendizajes. En mis bolsillos solo caben los agradecimientos. Todo lo demás lo despojo y desencadeno de mi vida, alma y corazón.
Es necesario enfatizar que reconozco que todos los años traen retos y desavenencias. Pero, siendo sincera, fueron muchos meses en los que viví preocupada por la salud de un ser querido, o inclusive por mi salud, que se vio afectada y comprometió mi calidad de vida. Y para cerrar el año, la pérdida de Jorge nos sacó el aire de un momento a otro. Estos últimos meses los he vivido con luto en mi corazón. La tristeza invadió a nuestra familia y el corazón se encuentra quebrantado.
Cuando la preocupación invade nuestros pensamientos y se apoltrona allí a meditar, el resultado es agotamiento mental y emocional. Es difícil, y sé que quizás muchos de ustedes se identifiquen conmigo. Siendo sincera con ustedes, este año para mí fue de poco progreso y estancamiento en muchos sentidos. Avancé poco y me detuve mucho; sentía estas cargas como una herropea que me detenía, pues avanzar me costaba mucho. No puedo darme el lujo de parar, porque cuando tienes hijos, quizás puedas tomar recesos, pero detenerte por completo es casi imposible. ¡Ser madre soltera es complejo! Mi admiración y respeto por aquellas mamás que tienen más de un hijo, enfrentan todo esto solas y deben dividirse entre todos. ¡UFF! ¡Eso está fuerte!
Muchas veces nos sentimos heroínas y queremos abarcar tanto y hacerlo con excelencia. Quiero entender y aceptar que está bien a veces salirse del carril. Está bien si no logro todo en el tiempo estipulado. No pasa nada si tengo momentos de vulnerabilidad y las fuerzas no me dan. Esta publicación tiene la intención de traer conciencia a todas de que la solidaridad con nosotras mismas es indispensable. La verdad es que saturamos nuestra vida con la multitud de objetivos que queremos alcanzar, pero a veces la vida pasa como un huracán y el río se sale de su cauce. Si nos marcamos una meta, se hace lo posible por alcanzarla, pero ¿quién dijo que tiene que ser a la velocidad de los demás? Quizás la persona que está a tu lado no lleva a cuestas las mismas responsabilidades que tú.
¿Entonces qué hacer? Descansar en Dios es lo ideal, pero también podemos tomar aire y oxigenar nuestra mente al tomarnos un receso. Esto es saludable y crucial para retomar con más fuerzas.
Solo Dios y nadie más puede darte ese aliento de vida que necesitas. En Isaías podemos leer el siguiente versículo: “No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa” (Isaías 41:10 - AMÉN y AMÉN). Solo Dios te lleva con su diestra y te protege en la retaguardia. Él es y seguirá siendo mi amparo y fortaleza, mi lugar seguro. Es irreal poner tu fe en otro ser humano, pues eventualmente la gente se va. La vida en esta tierra es momentánea; hay personas que están en tu vida por temporadas, incluyendo amistades que pensaste iban a ser para toda la vida. Tus hijos crecen y se van, pero Dios - NUNCA TE ABANDONA.
¿Qué voy a hacer para este 2025? Creo que, ante todo, lo mejor es llenarme de la paz y el gozo que solo viene de Dios. Sin importar las circunstancias, seguiré confiando en que TODO lo que pase en mi vida, trabaja para mi bienestar. Escudriñaré la voluntad de Dios para mi vida, me dejaré guiar por su sabiduría y que Él sea mi guía. Este año que entra - 2025 - mi intención es enfocarme en terminar aquellos proyectos que Dios ha puesto en mi corazón y que lo único que hago es contemplarlos y admirar lo hermosos que son, pero siguen allí dormidos, pues me ha faltado valor para darles vida. Pero más allá de eso, lo más importante es entregarle mi tiempo a Dios y difundir el amor de Jesús y la importancia de entablar una relación íntima con Él. Dejar de darle a Dios las sobras de mi tiempo. También quiero soltar todo aquello que no florezca en mi vida y que no proporcione fruto. Continuaré siendo las manos de Dios aquí en la tierra para dirigir, criar y cuidar de mi hija, el tesoro más hermoso que Dios me ha entregado.
Ahora te pregunto: ¿Cuáles son tus propósitos? ¿Qué quieres alcanzar? ¿Qué plan tienes para llevarlo a cabo? ¿Cuáles son tus propósitos terrenales y cuáles son los eternos?
Te pregunto, cuando te vayas de este mundo, ¿quieres pasar a una eternidad al lado de Dios, que te reciba Jesús con los brazos abiertos? Si esto es un anhelo y quieres descubrir la mejor relación de tu vida, te invito a que repitas esta oración conmigo:
“Jesús, te invito a mi corazón, reconozco que tú eres el único salvador de mi vida y te pido perdón por todas mis transgresiones. Escribe mi nombre en el libro de la vida para poder así vivir una eternidad a tu lado. En el nombre de Jesús, ¡Amén!”
Me despido de ustedes: ¡Chao pues!
Dios los bendiga hoy, mañana y siempre